Taller de escritura: herramientas
Se trata de contemplar de un solo vistazo, todas las herramientas de las que debe disponer un escritor a la hora de comenzar el trabajo.
HERRAMIENTAS TÉCNICAS
Recursos narrativos:
A lo largo de las próximas lecciones iremos viendo muchos de estos recursos, como el punto de vista del narrador, el personaje, el diálogo, etcétera. Es fundamental que el escritor los maneje con soltura, pues son los elementos que le permitirán dar forma —la más precisa y adecuada— a sus historias. Un punto de vista equivocado puede dar al traste con el mejor argumento y la omisión de un diálogo empobrecerá la escena más colorida.
Pero ni se os ocurra obsesionaros con estas técnicas narrativas. A medida que se conocen, se empiezan a ver, entre una maraña de palabras juntas, unos engranajes que las sostienen de una manera concreta y precisa. No debemos centrarnos en estas herramientas, ya que debemos dejar libre una parte de nuestro cerebro que sea capaz de añadir coexión a unas ideas antes inconexas. Es la parte loca y creativa.
Sobre todo, habréis de acudir a ellas en el proceso de revisión. En ese momento nuestro cerebro analítico y racional ha de estar funcionando a todo gas, y será entonces cuando podamos aplicar este u otro recurso a las partes más flojas, y decidir si las técnicas usadas en cada momento son las que dan el mejor resultado.
Recursos estilísticos:
Recursos estilísticos serían la empatía, el tono, la naturalidad, etc. No hay que andar pensando en estas herramientas mientras escribimos, pero deben permanecer desplegadas junto al papel, para usarlas en el momento de la corrección.
El modo en que usamos el lenguaje, la elección de un adjetivo u otro, el ritmo del discurso, la calidez y la sonoridad de las palabras… son elementos que marcarán de forma decisiva la historia que contemos.
HERRAMIENTAS TEMÁTICAS
Aunque se suele decir que temas hay miles, la realidad es que las posibilidades son bastante limitadas. Las herramientas temáticas que hemos de tener desplegadas a la hora de contar una historia se reducen, de hecho, a dos: el mundo exterior y el mundo interior.
Búsqueda exterior; búsqueda interior. Observaremos en la vida diaria a las personas que nos rodean, reteniendo e interpretando sus actos, adivinando sentimientos, deduciendo inclinaciones… Atenderemos también, volviendo los ojos hacia nuestro interior, a todo lo que hemos vivido, amado, resucitaremos caras ya olvidadas, el roce del sol en la primavera del 82, la tienda de chucherías frente a la que tanto pataleamos por una gominola de fresa…
No hemos de olvidar, sin embargo, que lo que pretendemos es contar historias, así que la observación ha de ser selectiva. Debemos escoger sólo aquello que sirva a nuestras narraciones. Tanto lo que observemos en el mundo como lo que encontremos en el baúl de nuestra memoria, hay que cribarlo con mentalidad artística. No vale la pena plasmarlo tal cual. Hemos de recrearlo, revivirlo y transformarlo, construir con todo ello algo nuevo.
HERRAMIENTAS FÍSICAS
No penséis que estas por ser las últimas son las menos importantes… A saber:
-Un espacio de trabajo silencioso y, a ser posible, solitario.
-Una serie de diccionarios prestos a consultarse ante cualquier duda. Aquellos que serán de especial utilidad al escritor son: un diccionario ideológico, un diccionario de sinónimos y antónimos, un buen diccionario de uso y el de la RAE.
-Material diverso de consulta. La documentación para un relato o novela puede salir de los más variados lugares.
-Internet. Por medio de los buscadores se puede acceder desde a la expresión correcta de un nombre extranjero hasta a información sobre casi cualquier tema; desde a la solución de dudas lingüísticas hasta a citas o distintos registros del lenguaje.
En fin, aunque se supone que uno puede escribir en cualquier situación, sólo con disponer de un bolígrafo y un papel, la realidad es que el proceso de creación —si se desea que el producto final sea bueno— precisa la utilización de una serie de herramientas que apoyarán al talento, los conocimientos, la imaginación y la inteligencia del escritor.
PROPUESTA DE TRABAJO
Anécdota
Escribe por medio de acciones algo cotidiano que te haya ocurrido ayer mismo, en no más de un folio. Vale cualquier cosa: una charla con unos amigos en un bar, la compra en el mercado, una visita al médico… ¿Ya?
Ahora, contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Quién es el narrador de la historia? ¿Sabrías definir la palabra “narrador”?
2. ¿Quiénes son los personajes?
3. ¿Quién es el/la protagonista de la acción?
4. ¿El lenguaje usado para contar la anécdota suena natural? ¿Por qué?
5. Intenta ponerte en la piel de un lector ajeno. ¿Crees que se entretendría con el texto? ¿Por qué?
Dejar que los niños se acerquen a mi
Desde aquí os queremos contar 5 secretos para intentar que nuestros pequeños se inicien en el apasionante mundo de la lectura.
El detective
Consiste en convertir a los críos en detectives ávidos de pistas. El juego consiste en buscar pistas secretas: pueden ser colores, palabras que empiecen por la “A”, la “B”, palabras en plural, en femenino, en masculino, palabras que se escriben con “H”. Puede establecerse un límite de tiempo o de palabras y al final pensar en una gran recompensa… ¿Qué tal su postre favorito? ¡Es fantástico para la ortografía, el vocabulario y el lenguaje! Con esto conseguiremos desarrollar su atención lectora.
Teatro
Rescataremos del nuestros baúles los más diversos cachivaches y representaremos con ellos sus cuentos preferidos.
A dibujar
El juego consiste en que los niños y niñas representen las distintas secuencias del cuento: el principio, el nudo y el desenlace. Pueden hacer tantos dibujos como quieran, lo importante es dejar libre su creatividad. Y por supuesto se puede colaborar con ellos.
El juego de las voces
Cualquier cuento por pequeño que sea puede trasformarse en un juego de voces y ruidos. A los más pequeños les encanta escuchar los cambios de tono: las voces agudas, las graves, las que imitan a los niños, a una bruja, los sonidos del agua, del viento, de los animales…
Final alternativo
Se tarta de inventar entre toda la familia el desenlace perfecto para ese libro con un final difuso. Cada uno aporta su idea y entre toda la familia se decide que “trocito de historia” es el mejor. Es una forma de conversar sobre un libro: los personajes, el contexto, las distintas situaciones, etc. El juego se puede complicar en función de la edad de los participantes.


